Prison City: cuando la nostalgia no es un recurso, sino un viaje de vuelta a tu habitación con la NES encendida
Hay juegos que intentan parecer retro. Y luego está Prison City, que directamente se siente como si nunca hubiéramos salido de los años 80.
Desde el primer momento en el que el juego arranca, hay algo difícil de explicar pero muy fácil de reconocer. No es solo su estética de 8 bits ni sus animaciones medidas al píxel; es esa sensación de volver a una época concreta. A esa habitación donde la televisión de tubo iluminaba la estancia y las horas dejaban de existir mientras la NES seguía encendida sin descanso.
Una ciudad corrupta, un héroe solitario y un diseño que respira NES
Desarrollado por Retroware, Prison City nos sitúa en una urbe futurista dominada por una corporación que ha tomado el control absoluto. La premisa es sencilla, directa, casi clásica: avanzar, sobrevivir y enfrentarse a todo lo que se interponga en el camino.
Pero donde realmente brilla es en cómo construye esa experiencia. Cada salto, cada disparo, cada enemigo colocado en pantalla parece diseñado con la mentalidad de otra época. No hay relleno, no hay concesiones innecesarias. Solo juego puro.
Y eso, hoy en día, es casi un lujo.

Cuando la música no acompaña… sino que te atrapa
Hay un elemento que termina de cerrar el círculo: su banda sonora.
No es exagerado decir que hipnotiza. Los temas chiptune no solo acompañan la acción, sino que te envuelven en una especie de trance retro del que no quieres salir. Es ese tipo de música que podrías dejar sonando mientras recuerdas partidas pasadas, como si cada nota estuviera conectada directamente con la memoria.
Y ahí es donde Prison City deja de ser un simple videojuego para convertirse en algo más personal.
No es solo nostalgia, es respeto por el jugador
Lo fácil habría sido quedarse en la superficie: gráficos pixelados, dificultad elevada y referencias constantes. Pero Prison City va más allá. Ajusta la experiencia para que funcione hoy, sin traicionar su esencia.
El control es preciso, la respuesta es inmediata y el diseño evita caer en la frustración artificial. Es desafiante, sí, pero nunca injusto. Y eso marca la diferencia entre un homenaje vacío y uno que realmente entiende de dónde viene.
La Taberna de OldGamer: volver sin moverte
Hay algo profundamente especial en juegos como este. No necesitan reinventar nada, porque su valor está precisamente en recordar lo que ya funcionaba.
Prison City no intenta ser el futuro.
Intenta ser ese pasado que todavía seguimos buscando.
Y lo consigue.
Porque durante unos minutos —o unas horas— ya no estás en 2026.
Estás otra vez allí.
Con el mando en la mano.
Sin prisas.
Sin ruido.
Solo tú, la pantalla… y un juego que no quiere que lo dejes.




0 comentarios